12 enero 2007

Editorial de El Pais sobre Daniel Ortega

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Opinión

EDITORIAL
La jura de Ortega
12/01/2007

El líder sandinista Daniel Ortega ha vuelto al poder pero por la fuerza de los votos, y no, como en 1979, por la de los rifles empuñados contra la dictadura somocista, que apoyaba bárbaramente Estados Unidos. Y ayer quiso jurar el cargo en nombre de casi todo el santoral político, y dentro del mismo muy prominentemente por el socialista bolivariano Hugo Chávez, allí presente, pero también por Juan Pablo II, y con la incongruencia que presidió todo el acto en Managua, el mandatario se unió al presidente de Venezuela y de Bolivia, Evo Morales, para vitorear a Fidel Castro.

Ortega había hecho una campaña electoral basada en un aparente arrepentimiento, en la que instó a los nicaragüenses a trabajar unidos en la guerra contra la pobreza, así como escenificó tan aparatosa como insistentemente su retorno al catolicismo más puro y duro, en medio de una tentativa de des-sandinizar su imagen, ligada al recuerdo de una gestión calamitosa.

Pero en su toma de posesión ha querido reivindicar, en cambio, su anterior pedigrí político. Con Chávez y Morales ha dado estentóreos vivas a la revolución cubana, al tiempo que anunciaba el ingreso de su país en la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), creada por el presidente venezolano en 2005 y que pretende, oponiéndose al Área de Libre Comercio de América del Norte (ALCA) que inspira Washington, crear un marco de relaciones económicas más justo y no capitalista. Pero todo ello no significa que Nicaragua abandone el Tratado de Libre Comercio que une a Centroamérica con Estados Unidos (CAFTA-RD), sino que, mucho más modestamente, "tratará de mejorar las condiciones" del mismo.

No es probable que estas acrobacias se puedan mantener de forma indefinida. Es lícito, aunque no siempre estético, que un país trate de encender una vela a Dios y otra al diablo, pero ambos poderes acaban por reclamar la lealtad en exclusiva. Y si esa especie de doble militancia sirve hoy a los intereses de los nicaragüenses, bienvenida sea, pero que se pregunte el presidente Ortega si eso dura para siempre.