27 febrero 2007

"Las similitudes de Afganistán e Irak (y Kosovo)", por Inocencio Arias

OPINIÓN
Las similitudes de Afganistán e Irak (y Kosovo)
Por INOCENCIO F. ARIAS EMBAJADOR DE ESPAÑA


Tanto la presencia de tropas extranjeras en Afganistán como la de Irak están amparadas, actualmente, por resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. El debate, según el autor, sólo se puede centrar en «el grado de peligrosidad» o «el origen del conflicto»

EMPEZARÉ por el final: actualmente, la presencia de tropas extranjeras en Irak es tan correcta como la de Afganistán. Ambas están ampliamente amparadas por resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Uno puede disentir sobre el grado de peligrosidad para las tropas allí presentes, sobre el diferente origen del conflicto, pero no sobre la legitimidad del despliegue militar. Está totalmente autorizado por la ONU. Me explico.

a) La peligrosidad. El riesgo en Irak es ciertamente mayor, el número de los golpes terroristas de los insurgentes es mucho más elevado (hay ya 1.912 americanos muertos), aunque últimamente las víctimas sean fundamentalmente iraquíes. En Afganistán los ataques son más esporádicos, pero el peligro existe. En la semana que nuestro helicóptero se desplomó, creo lo que dice Bono, hubo un ataque con catorce muertos contra otro extranjero. Las tropas están allí para proteger un proceso político de democratización que los talibanes -etcétera...- quieren impedir por la fuerza asesinando, como se ha visto, a candidatos, amenazando a los posibles votantes, etcétera. No quieren nada que tenga que ver con la democracia. Como en Irak.

Si la situación fuera estable, si no hubiera facciones interesadas en impedir violentamente el proceso, la comunidad internacional no tendría allí varios miles de soldados. Tendría a mil funcionarios y expertos electorales de la ONU. En Afganistán hay muchas ONG, pero necesitan la protección militar. Los soldados no están, por citar a Pérez-Reverte, de besucones sin fronteras. Están de militares, con armas, protegiendo. Con un riesgo.

b) El origen de la situación. Muchos hemos sostenido que el origen de la intervención de Estados Unidos y sus aliados en Afganistán estaba bendecido por las Naciones Unidas, mientras que la de Irak, ante la paralización del Consejo, se hizo al margen de la ONU. Eso convertiría a la primera en sacrosanta y a la segunda, para algunos, en execrable.

La conclusión, con todo, merece ciertas matizaciones. De un lado, hay un número considerable de serios comentaristas que sostienen que en la intervención en Afganistán tampoco hubo una autorización expresa o clara del Consejo de Seguridad e incluso que se realizó con medios totalmente desproporcionados. Que no fue tampoco ortodoxa. Más importante aún. Muchos de los que califican de execrable la intervención en Irak por ser una agresión ilegal, antijurídica, etcétera, no se rasgaron las vestiduras ni protestaron, al contrario, aplaudieron, cuando algo antes se produjo otra que, con las consideraciones jurídicas aplicadas a Irak, resultaba infinitamente más ilegal, contraria a derecho, etcétera. Me refiero a Kosovo. Cualquier jurista lo admitirá. El argumento para probar de forma palmaria la ilegalidad de Irak es que no hubo una resolución expresa de la ONU que autorizara la intervención. Estados Unidos, Gran Bretaña y España habrían fracasado en sus esfuerzos de convencer a los miembros del Consejo. Es correcto, no lo lograron. En Kosovo no la hubo tampoco. Ni siquiera se intentó, por temor al veto ruso.

La diferencia entre Irak y Kosovo es que en el primer caso existía toda una serie de resoluciones, la 678, la 687, etcétera, que venían siendo violadas por Irak, y en la última -la 1.441- se le daba «una última oportunidad» de cumplir; y en caso contrario, «se atendría a las consecuencias». Esta serie de violaciones legales y esta advertencia, razonábamos los aliados, bastaban para intervenir. Ello no convenció a la mayoría necesaria del Consejo. Se invadió al margen del mismo. Con las protestas conocidas.

En Kosovo no existía esa violación flagrante de resoluciones. Se intervino. El quebrantamiento de la legalidad internacional -¿era la OTAN más «decente» que la coalición de Irak?- resultaba como mínimo igual. Se aplaudió, no obstante. Ahí están las hemerotecas.

c) Legitimidad de la presencia actual de las tropas. Las dos, Afganistán e Irak, la tienen. El Consejo de Seguridad las abraza. Los efectivos extranjeros en los dos países no son tropas de la ONU con un mando de la Organización o cascos azules. Son una fuerza multinacional aprobada por la ONU. Examinemos Irak, que es el discutido. Las resoluciones que la aceptan son varias. La primera, la 1.483, es de mayo de 2003, dos meses después de la guerra. Tuvo catorce votos a favor. El Consejo reconoce a la Autoridad ocupante y, con la aquiescencia de Rusia, Francia, China, etcétera, la faculta nada menos que para administrar las riquezas petrolíferas de Irak. Más explícita y pertinente es la 1.511 de 16 de octubre de 2003. La viví como la anterior. El texto no sólo autoriza una Fuerza multinacional, la que había entrado en el país, sino que insta a otros estados a unirse a la misma. No es ya que lo admite, es que anima a más países a que envíen tropas. La votación fue unánime, pleno de quince. Tengo la foto levantando mi mano... y ¿quién hace lo propio a mi lado? Los embajadores de Rusia y Siria.

Hubo bastantes especulaciones en aquellas fechas en el Consejo sobre cuántos votos sacaría la resolución. El colega mexicano me decía dos días antes que no pasaría de los justos nueve. Falló. La capacidad de presión y persuasión de Washington esta vez funcionó. ¿Qué le prometió a Rusia, que se plegó y obligó a Francia a imitarla, y a Koffi Annan a decirme que iría a la Conferencia de donantes de Madrid aunque el día antes remoloneaba? El hecho es que hubo un pleno. The Independent resumía: «Rusia, Francia y China endosan explícitamente en Irak la Autoridad conducida por EE.UU. con una Fuerza multinacional de la ONU». Liberation apostillaba: «Poco entusiasmo en la ONU, pero los Estados Unidos han ganado una clara victoria diplomática». Esto ocurrió en 2003. Mucho antes de nuestras elecciones. Por lo tanto, la salida de nuestras tropas de Irak, airosa o curiosa, puede estar basada en razones políticas, promesas electorales..., todo aceptable, en deseo de satisfacer a la opinión pública o hasta en que nos repatee el señor Bush, pero no en que su presencia es irregular porque no esté aceptada por la ONU. Lo está.

A mayor abundamiento, hay otra resolución (1.546) aprobada en junio de 2004, con nuestro nuevo Gobierno. En ella se dice que «la presencia de la Fuerza multinacional obedece a la solicitud del nuevo Gobierno provisional de Irak». Tuvo también quince votos. España, aún en el Consejo, sí, sí, el Gobierno flamante de R. Zapatero, votó, con mi sucesor, a favor.

¿Puede decirse que la presencia militar en Irak es hoy más ilegal que la de Afganistán? ¿Quién quiere quedarse conmigo?